viernes, 14 de septiembre de 2012

Tormento de amor



El hombre más amado de la tierra, 
al que espero desde el siglo anterior. 
Tiene los ojitos color miel y una fragancia tibia, 
muy tibia en su piel. 

Si alguien sabe de él, que me lo diga, 
estoy atormentada por su amor 
tiene en la mirada tanta calidez 
que jamás lo pude olvidar, 
no puedo olvidar. 

Tormento de amor, pasión de mujer, 
el cielo es testigo de mi padecer 
tormento de amor quisiera vivir envuelta 
en sus brazos y hacerlo feliz. 

Se me hace insoportable lo extraño tanto, 
suspiro el desencanto si no está 
él es mi otra mitad, no puedo olvidarlo, 
no voy a olvidar. 

Desde que te vi supe comprender 
que uno es para otro 
y tú eres para mí, déjate ver, no seas cruel.



Una noche del año en el que nos conocimos, en una de nuestras acostumbradas discusiones, me acorralaste de pronto:

- Estoy harto, 

¿Qué esperas de mi?
 ¿En qué quieres que me convierta? 
¿Qué quieres que sea?

No supe que responder entonces, dije tantas cosas para no quedar mal parada pero ninguna fue real, mentí para no sentirme tan vacía, por primera vez supe que no todo lo que decía o hacía estaba correcto y así íbamos por el rumbo adecuado, había querido moldearte, quería que seas como no querías o quizás no podías ser, te había pedido transformarte en un hombre perfecto y tu estabas a leguas de serlo.


Entonces no sabía el porqué de tus torpezas, entonces creía que eres injusto, cruel y egoísta, que no merecías que yo derramase alguna lágrima por ti; quería fabricarte a mi manera y eso nos estaba alejando sin ni siquiera haber estado juntos anteriormente, lo nuestro que había surgido de la nada a partir de un juego virtual y queríamos que los demás creyesen que en verdad era real, había logrado colarse primero en nuestras mentes para luego balancearse en nuestros corazones, estaba destinado al fracaso por como había iniciado y para sorpresa de ambos, de cientos después, se había vuelto sólido y precisamente cuando nos disponíamos a enamorarnos, te arrojé a la nada, te arrebaté de mis brazos, quise que sintieras mi desamor, quise que aprendieses a valorarme, y perdí, perdí de la manera más tonta e inmadura, si inmadura, inmadura hasta la coronilla, que estúpido, yo que tan duramente te había juzgado por la  inmadurez adoptada por ti en nuestra relación, acababa de mandar todo a los mil demonios por algo tan vano, ahora lo entiendo, tan pero tan vano.


Ahora que he revuelto todos mis sentimientos; me atrapó el coraje puro de no haber valorado todas tus virtudes, estaba cegada por tus imperfecciones, por lo que no podías cambiar dentro de ti, por todo lo bonito que sabía que podías dar pero te resistías (creía que te resistías) pero en verdad no podías, te costaba, posiblemente lo habías intentado y no habías podido lograrlo, pero ahí estaba yo para atormentarte, para corregirte a diario, para azotar tus errores y embarrarlos en el rostro.


SOLÍAMOS


Solías encandilarme a diario, con una canción o una palabra tuya, con tu perfecta ortografía y hermosa manera de expresar lo que sentías a través de palabras, me gusta así y lo sabías, me gusta porque perdura, se hace casi eterno.

Solía sentirme orgullosa, mientras íbamos juntos caminando de la mano, orgullosa de lo bello que era que sean míos tus cabellos, tus ojos, tus manos calientes y tus uñas largas, tu perfume delicioso, tu aroma a niño y a hombre a la vez, tu hermoso cabello acariciando mis mejillas, tu olor a pureza desbordante y a limpieza abismal, tu rostro suave y bonito, suave y bonito de más.


Solías esconderte cuando peleábamos, o huir, no por escapar sino por protegerme, eras explosivo (recién lo entiendo hoy) y no querías destruirme, como habías hecho antes con otras personas, y preferías respirar para luego hablar, yo en cambio me había convertido en los vasos preferidos de las gotas rabiosas, estaba al ras del colapso casi siempre, y tu tenías el don maravilloso de hacerme enloquecer, de humedecerme en la locura infinita y entonces mi indiferencia era un guante de box, decías que era jodidamente horrendo que no te hablase por horas, días o semanas.

Solía morir en tus brazos, sentir tu corazón latiendo a mil por hora, eras el sostén que entonces me ayudó a salir del agujero, pero te empezabas a convertir en otro, pero uno deliciosa, agradable y lo suficientemente confortable como para sufrir sonriendo, y llorar en medio del júbilo.

CONFIESO 


Esas tardes y noches, cuando estábamos distantes, moría por verte parado frente a la ventana de mi habitación, sentado en las rieles del ferrocarril donde muchas veces congelamos la melancolía, y esperábamos entonces a que nos visitase la luna, a contemplarnos tan felices; no esperaba que dijeras algo, tan sólo te hubieses atrevido a aparecerte frente a mi, y yo iba  a correr a saltar a tus brazos, iba a llenarte de besos, iba a llenar tus vacíos.

Miles han sido las veces que imaginé ese cuadro, miles las veces que antes de entrar a casa volteé y te busqué con la mirada, miles los minutos que desperdicié caminando lento esperando que corrieras tras de mi (otra vez, otra vez), miles de ilusiones que se evaporaron pero no por completo, aún queda algo de imaginación en mi, cuando una tarde fría y llena de tristeza, aún giro la cabeza y volteó con la esperanza más sublime de verte contemplándome desde algún punto, desde algún orificio o desde algún rinconcito del olvido.

 "Contigo despertar, sobrevivir un día más,
pudiendo despegarnos de infortunios,
sentados sin hablar hoy mis secretos voy a dar
para entregártelos porque sí" 


Sé que debí haber escrito esto antes, mucho antes, mucho antes del antes, pero estaba demasiado atrapada en mi herida de mujer, envuelta completa, sé que ya no tiene sentido escribirlo porque no lo vas a leer, y si me lees ¿Y si lo haces?, no, no, no lo vas a hacer, y en todo caso si lo lees no vas a pasar un párrafo y vas a dejarme bailando sola.



INSISTO

Yo no me arrepiento de haberte querido como te quise, mi tormento no radica en intentar suprimir lo que existió, no quiero hacerlo, porque no lo mereces, fuiste demasiado especial y demasiado hermoso, tú no eres de los que una olvida fácilmente, posiblemente yo si lo haya sido, pero tu no, tu nunca . . . NUNCA.


Estaré esperando por ti, siempre habrá un poquito de mi para ti, así ya no esté tan sola más adelante o haya decidido darle cabida a un nuevo sentimiento, siempre existirá un poco de mi para mi.


"Mis días sin ti son tan oscuros,
tan largos tan grises mis días sin ti,
mis días sin ti son tan absurdos
tan agrios tan duros mis día sin ti,
mis días sin ti no tienen noches,
si alguna aparece es inútil dormir,
mis días sin ti son un derroche,
las horas no tienen principio ni fin".


Algo más . . .

Te extraño a rabiar,
siento la necesidad más repudiable de que las yemas de tus dedos vuelvan a deslizarse por mi espalda mientras me vas besando con ternura.

Te extraño más que todos los días que se diluyeron en tu ausencia, 
siento la cobardía inexplicable del que si no regresas voy  a correr a buscarte.
Te extraño inmensamente,
y he olvidado todo, todo lo que no sea agradable, todo lo que ATORMENTE DE AMOR.

Pero sé que nunca lo sabrás
 porque sé que no vas a leer esto . . .
¡Oh Dios mío! no no no NO lo vas a leer.


lunes, 3 de septiembre de 2012

EN ESPERA




En el rincón de mi sentir más puro, estoy velando una canción para ti, y no es cualquier canción cariño, es una de las que desbaratan y hacen que uno palpite con las emociones a flote, esta noche la mantengo muy enterrada en el alma, la escogí para regalártela y aunque muera por volar hasta tus labios, aún se conserva mía y pronto, en cuanto se diluyan los días de melodramática espera, será tuya completa, será tuya exquisita, será tuya toda, toda , toda. Así como serán tuyos mis ojos entristecidos, mis cabellos marchitados, mi caminar confuso, mi descifrar sanguinario y mis infinitas ganar de sumergirte en labios, acurrucarte en latidos, endulzarte en memorias.


Treparé hasta lo más alto entonces, treparé tan alto que podrás verme inmensa, y mientras camine en dirección al cielo, voltearé sin que puedas darte cuenta para contemplar tu rostro e iluminarme con tu sonrisa, me llenaré de dicha y seguiré escalando, tararearé la canción  que hoy descansa al lado mío y le da vida a mis oídos, no llevaré nada más, será mi alimento diario, único y necesario, la canción y yo, emprenderemos una travesía, nos tendremos solamente el uno al otro para hacernos compañía, seremos tan tuyos, y seremos tan nosotros.



Ya arriba, cuando agotados estemos y queramos dormir para recuperar suspiros, en medio de la turbulencia la beberé rápidamente hasta que ingrese hasta el fondo de mi corazón, sé que me agrietará el hecho de seguir desperdiciando más tiempo, entonces luego cuando esté danzando con las células de mi cuerpo, gritaré de forma violenta, con tanta pero tanta fuerza que destruiré el mundo entero, destrozaré los tímpanos de la humanidad; vocearé a los Dioses lo mucho, lo sublime, lo bonito que tu me haces sentir.




Y ya después, cuando haya logrado desprenderme, cuando haya parido todo el amor contenido, estaré preparada para regresar, correré en tu búsqueda, tropezaré cientos de veces pero seguiré corriendo para estrujarte en las entrañas, para sentirte más mío que siempre.



Cuando al fin haya logrado situarme en el mismo espacio sideral, me abalanzaré sin más ni más, y sellaré tu boca para que tus besos no se atrevan a escapar, no volveré a marcharme, no volveré a dejarte sólo una vez más, no volveré a trepar porque habré aprendido al fin el significado del verdadero amor, ese que no se acobarda y va venciendo el orgullo, ese que se demuestra, se dice, y sólo así se da, ese que una vez se meció entre mis trece lunas y no pude retener, ese que se agiganta con el pasar del tiempo y gracias al cual las palabras se vuelven torpes e insignificantes para expresar tanta gloria terrenal.


Cuando te tenga amarrado a mi cintura disfrutando el mismo aire, entonces sabré que es el momento indicado para revelarte la canción que al inicio de estos párrafos dije que estaba guardando para entregártela después, no creo que exista otra más hermosa, y si la hay pues haré de esta la más bella en nuestra historia, la adornaré con carmín y sombras de colores, la vestiré de luz y estamparé tu nombre con letras mayúsculas. 


Te la cantaré dulcemente en el oído, mientras me pierda acariciando tus cabellos y dibujaré las letras en cada uno de ellos, para que no se te olvide el significado y no se pierda en la nada, más aún si no continuamos después juntos enlazados, para que no se minimice y luego evapore en el tiempo, será siempre tuya, como lo seré yo hasta el final de mi existencia.




Mientras tanto,
mientras tu no estés
la escucharé suavemente (a solas)
la disfrutaré diariamente,
(en medio de 
esta soledad que ATA y DESBARATA.)

lunes, 13 de agosto de 2012

R.I.P Chavela Vargas



" Nadie se muere de amor: ni por falta, ni por sobra "

YO NO ESTUDIÉ PARA SER LESBIANA

"Yo he tenido que luchar para ser yo y que se me respete, y llevar ese estigma, para mí, es un orgullo. Llevar el nombre de lesbiana. No voy presumiendo, no lo voy pregonando, pero no lo niego. He tenido que enfrentarme con la sociedad, con la Iglesia, que dice que malditos los homosexuales… Es absurdo. Cómo vas a juzgar a un ser que ha nacido así. Yo no estudié para ser lesbiana. Ni me enseñaron a ser así. Yo nací así. Desde que abrí los ojos al mundo.Yo nunca me he acostado con un señor.Nunca.  Fíjate qué pureza, yo no tengo de qué avergonzarme... Mis dioses me hicieron así."

(Chavela Vargas "La chamana")


El domingo cinco de agosto, era un día como cualquier otro, entre la fiebre desatada por las olimpiadas y la fiesta que se está viviendo allá en la muy muy lejana ciudad de Londres; un suceso remecía los tímpanos de muchos, en aquellos que derepente habíamos decidido darle una ojeada a las últimas notas del Twitter para saber que es lo que estaba sucediendo en mundo.

- Chavela Vargas se ha ido, publicaba el diario español "El país"

- Se nos adelantó la chamana, twiteaba el moustro llamado "Televisa"

- Noo, no me lo digan. Ay ya se me torció el alma.. Adios chavela, bonito viaje, escribía Alejandro Sanz

- Chavela era ese Méjico de todos, el que se quedo conmigo siempre, el que me habita! Ay Chavela, Chavela, Chavela!!!, arremetía Carlos Vives desde Colombia.

Y el el twitter oficial de la cantante, atravesaba, como puñales al corazón:

"Los mariachis callaron, a partir de ahora, las amarguras volverán a ser amargas, señores y señoras, se ha ido Chavela Vargas"

De un minuto a otro estábamos inundados con notas similares, se dejaron de lado las olimpiadas y la atención había centrado sus ojos en los de Chavela, los ojos que se les habían dormido para siempre, ahora estaban siendo observados por grandes y pequeños, por sabios y patosos, por gobernantes y oprimidos, por mejicanos y no mejicanos, por escritores o literatos, por vivos o por muertos, por nosotros los muertos y los del mas allá lo verdaderos vivos.

Y muy atrás, en la fila más alejada de su sueño eterno, me encontraba yo, paralizada, con un dolor extraño y sin haber comprobado antes si se trataba de la misma persona, mis dedos corrieron a buscarla, la encontré y sentí la necesidad  colosal de escucharla, de escucharla hasta quedarme aún más dormida que ella.

Esa noche de domingo la escuché durante tres horas, una a una, la escuché toda toda, la escuché completa, me desnudó el alma, me penetró las venas y me sumergió en su llanto, el llanto más delicioso que había sentido hasta entonces, cargado con romanticismo, endulzado con amor del bueno y coloreado con hermosas mujeres que se habían quedado esa noche a bailar con ella, habían regresado a verla para luego llevarla junto a ellas, las mujeres que Chavela había amado a rabiar.

Sucede que LA CHAMANA era una mujer disfrazada en un cuerpo ajeno, corrección no era una mujer en sí, porque nunca admitió que alguna vez  lo había sido, en sus canciones ella era un varón enamorado, uno que a las decepciones le hacía frente con botellas de tequila y lo amedrentaba con cigarrillos a quemarropa, tampoco se vistió de hipocresía y aparentó ser una dama para aparentar, ella nunca se sintió mujer ni siquiera cuando la parieron o cuando la amamantaban.

Y amó profundamente, amo como pocos seres humanos lo han hecho, amó tanto pero tanto, que prefirió morir en los brazos de su amada a dejarla ir sin más ni más. Escribió esta canción para Frida Kahlo, a quién minutos antes de morir confesó que seguía amando con locura y desenfreno, que si no hubiese volado antes, mucho antes que ella, hubiese vuelto a buscar, vuelto a sufrir, vuelvo a vivir, a vivir amándola.

" Ya me canso de llorar y no amanece,                     
ya no sé, si maldecirte o por ti rezar,                            
tengo miedo de buscarte y de encontrarte,                
donde me aseguran tus amigos que te vas,                 
hay momentos en que quisiera, mejor dejarte,        
 arrancarme ya los clavos de mi pena                           
pero mis ojos se mueren sin mirar tus ojos              
 y mi cariño, con la aurora, me vuelve a esperar."    



 " Paloma negra, donde andarás,        
ya no juegues con mi honra, 
sin tus caricias, deben ser mías, de nadie más.
Y aunque te ame con locura,
ya no vuelvas, 
 paloma negra eres la reja de un penar, 
quiero ser libre, vivir mi vida con quién yo quiera.  .

                                                
"Dios dame fuerzas, 
que estoy muriendo, por irla a buscar . . . ."

(Frida y Chavela)

Y en medio del remolino de amores y desamores que iban atormentándola a lo largo de su vida, Chavela Vargas se envolvía dentro de problemáticas sociales, no sólo escribía sobre el dolor que la atormentaba, sino también le escribía a su gente, era partícipe de historias desgarradoras y las iba plasmando, no las dejaba pasar, sufría si, le dolía vivir amando sin ser correspondida pero se daba tiempo para respirar con fuerza y hacer justicia a través de canciones.

"Estaba lavando Anzelma,                                                   
a orillas de un manantial,                                                    
pasó cantando la leva,                                                        
al frente iba un capitán,                                                     
al ver tan linda morena,                                                     
al capitán le gustó y no le habló por la buena,                    
a fuerzas se la llevó.                                                        
                                                                                         

Cipriano, hermano de Anzelma, peleó con el capitán,
valiente como una fiera y no le pudo ganar,
el capitán a balazos mató a Cipriano Guzmán, 
y Anzelma sobre sus brazos, lo contempló agonizar.
La tropa se había marchado,
y aquel, cobarde malvado, quería su presa gozar,
    rodaron dos dos al suelo, la hembra y el criminal,
logró la pistola Anzelma y acribilló al capitán.
                    Soltó su pelo bonito y luego al viento grito:                                                                                 
Ya estás vengando hermanito, de este cobarde, matón".

Su voz, su increíble voz se iba dibujando en memorias, y había logrado de pronto, catapultarse entre las leyendas latinoamericanas, cuan bonito se siente cuando uno o una escucha a Chavela cantando "Ojalá que te vaya bonito, " El último trago", "Volver", "Paloma negra",  o "Se me olvidó otra vez, con esa voz ronca que ella forzó tratando de arrancarse la delicadeza, pero aún así, se notaba era ella y así había nacido.

Encontré este fragmento en una biografía que ella misma escribió:

     Un día me escapé de la finca y fui a la capital, a San José, a buscar a mi padre.

-Señor, haga algo por mí. Ayúdeme, señor: soy su hija. 
–Sí –me dijo–, eres mi hija. Pero eres rara.


Estuve durante un tiempo viviendo con él, hasta que un día mi santo papá decidió cargar un tanto más el fardo de la amargura. Fue una humillación espantosa, una insultada decimos aquí. Me heló el alma.

–¡Me avergüenzo de ser tu padre y me avergüenzo de que seas mi hija! ¡Haré que te encierren en un reformatorio hasta que te endereces o te mueras!


Y es que no fue fácil, vivir en una época dónde el homosexualismo estaba sanatizado, si uno observa y se detiene a ver los distintos casos que existen en la actualidad, imaginar como era en la época de los años treinta o cuarenta es indescriptible, sólo Chavela lo sabe y lo ha compartido en sus conciertos, en sus libros o en simples publicaciones que iba haciendo cuando ya acariciaba las ocho décadas o quizás las nueve, iba recordando entonces que ser diferente, le había inyectado la dosis de coraje que entonces una mujer necesitaba si quería introducir su música dentro de un ambiente comandado por tanto macho cabrío.


Comparto otro fragmentó de su autobiografía que me encantó:


Me han dicho algunas veces que mi amor era dulce y suave. La leyenda negra supone que mi amor era fuerte y violento. No niego que hubo alguna agarrada, y que en alguna despedida se dijeron palabras bien altas. Era celosa, es verdad. Pero es que casi todas me ponían los cuernos. Parecía yo venado, no podía entrar por ninguna puerta. Tal vez se asombren ustedes, pero yo no los he puesto nunca –otra cosa que no aparece escrita en la leyenda negra–. Cuando he estado con una mujer, he estado con una sola mujer. Nunca fui promiscua, ni me gustó jugar a lesbiana, ni jamás jugué con los amores. Me gustaban y me gustan todas, por supuesto, pero no. Yo soy muy respetuosa. Si una gente me quiere, yo tengo que respetarla porque es mi deber como ser humano. Y muy agradecida de que alguien me ame. Quizá porque, como no he sido muy afortunada con el cariño de los demás, siempre agradezco que me quieran. Y siempre me resulta fascinante y maravilloso que alguien ponga sus ojos en mí (…).


Le creo cuando dice que fue leal y sincera, porque solamente quien es capaz de amar con pureza no engaña ni traiciona, el amor se mantiene y se va fortaleciendo con el tiempo, crece y crece hasta elevarse al punto mismo de la fantasía, se van fabricando entonces orgasmos de felicidad, que se componen con eternas dosis de entrega, respeto y admiración plena. Nadie se muere de amor: ni por falta, ni por sobra.


Está de más decir que ha sufrido, y ha sufrido mucho, pero a diferencia de otros, decidió hospedarse en la tierra hasta que el cuerpo aguante y extraordinariamente aguantó hasta los 93 años, no escapó a su destino, se abalanzó sobre él, fue domándolo poco a poco y fue feliz en medio de la tristeza, no necesito fingir, vivió como quiso y fue como quería ser, los caminos de la vida se fueron adaptando a la suya; bebió, saltó, gritó, lloro mucho pero mucho, pero siempre decidida a no dejar de pelear, se enamoró una y otra vez, se enloqueció después; pero nunca se rasgó la piel o las ideas por haber nacido "diferente". Sin pensarlo entonces, Chavela se convirtió en el ícono de miles de personas que hacen de la comunidad homosexual, un símbolo de admiración, caricaturas admirables que han decidido que sus días se conviertan en desafíos diarios, han adoptado la constancia en la gresca continúa para vencer a la sociedad y sus prejuicios endemoniados, la lucha diaria para poder ser aceptado y caminar con absoluta libertad mientras van haciéndose el amor a diario, haciéndose el amor ante los ojos del mundo, porque el amor debe hacerse a plena luz del día, porque si el odio se hace a vista y paciencia de Dios.           
 ¿Por qué esconderse en medio de las sábanas?


Chavela Vargas se nos adelantó, ha trascendido, ha volado hasta los brazos de su amada Frida y nos sonríe desde el cielo, ha calado con su sangre en la historia un siglo de buena música y así se ha ido, entre lágrimas, arropada con su poncho y sus canciones de antaño, enamorada del amor y en paz con Dios, su muerte significará quizás uno de los lutos más dolorosos que la tierra va a tener que sufrir, su maravillosa voz no se apagará jamás, existe un tremendo legado artístico que la chamana dejó, y los invitó a disfrutar, apaguen las luces entonces cuando decidan hacerlo, respiren en medio de la oscuridad, sientan con el alma y entenderán, lo mucho que ha significado lo suyo en el pasado, presente y en el futuro significará, lo mucho que ha dejado, y lo mucho que han reflejo esos gloriosos 93 años de vida, de lucha y de pasión constante.

"Descansa en paz CHAMÁN HERMOSO"


martes, 7 de agosto de 2012

Tal vez . . .


Hoy desperté con sabor a ti, 
te soñé y lloraba, de felicidad lloraba.


Me encontraba yo en la universidad, con las amigas de siempre, conversábamos efusivas sobre temas que carecían de importancia, sonreía y desconocía la razón del porqué, fue así que de un momento a otro, apareciste frente a mi, al principio me costó reconocer tus labios la sensación de poquedad se apoderó de mi cuerpo, mis ojos se negaban a morir una vez más, sentí miedo y vergüenza, vergüenza plena.

Lucías tan radiante, vestías con un uniforme deportivo que estaba adornado con la bandera nacional, en el pecho resaltaban tus nombres y tus dos apellidos, estabas tan hermoso y yo pude derretirme de inmediato al observar tus ojos de príncipe; tu mirada, sí, era la misma de antes, aquella con la cuál me contemplabas con ternura perdidamente enamorado, esa que me acompañaba cuando salía del colegio y cruzaba la pista en dirección a tus brazos, a envolverme en tus días, en tu infinito romanticismo, en tu dulzura empalagosa, en tu amor, en tu misericordioso amor.


Nos quedábamos entonces perdidos viéndonos fijamente, tenías los cabellos alborotados y más bonitos que de costumbre, espiralados y negrísimos.

Me sentí tan orgullosa al verte engalanado por un uniforme tan llamativo y representativo, estabas más grande y más lleno de vitalidad, habías logrado alcanzar el sueño de toda tu vida, sonreías dulce, mágico y encandilador. 


Hace más de un año que no volvía a soñar contigo, hace tanto fue, que ya había perdido el color de tus sonrisas. Ayer no estaba pensando en ti y recuerdo que hace unos años, te soñaba porque minutos antes de quedarme inmóvil en la cama había imaginado tu rostro, había acariciado tus mejillas con las yemas de mis dedos, o había escrito algún poema con rimas adoloridas.

Anoche no estaba pensando en ti, pero te soñé y me volví a enamorar de tu recuerdo, no pensaba en ti pero entendí el porqué del sueño y el porqué de este remordimiento que quema mis memorias y acalora mi corazón.

Hace cuatro años, cuando yo había pasado de ser de la más insignificante criatura que habitaba sobre la faz de la tierra a la niña/mujer más feliz del universo, mientras tu adornabas mis canciones, y le dabas razón a mis días, se realizaba BEIJING 2008.

Ya para entonces sabías que yo adoraba los juegos olímpicos, mis estrellas brillaban cuando estaba sentada frente al televisor, quizás por mi frustrada ilusión de convertirme en futbolista profesional, no lo sé, pero desde muy pequeña me fascinaron las fiestas realizadas cada 48 meses, en las cuales miles de realidades trascendían y otras se estancaban.

Solíamos quedarnos entonces hasta la madrugada, tu me acompañabas desde el otro lado de la urbe, apegadito al celular, las llamadas estaban caras en ese tiempo y optamos por los mensajes de textos, es increíble como podía alegrarme el sonido de tus cursis palabras repletitas en un texto pequeño y lo poco que expresaba un te amo para tanto amor contenido, no me cansaba no, de decírtelo, te amaba en demasía, de amaba con todo lo mío y parte de lo tuyo, te amaba de día y te amaba aún más de noche, porque es de noche cuando uno se siente más susceptible y débil a las emociones, y yo no podía dejar de amarte más y más con el transcurso de las estaciones.

Tu preferías el baloncesto y yo moría por la gimnasia rítmica, y así eran nuestros días de olimpiadas, en ese entonces hablábamos mucho de Londres 2012, hablábamos tanto de todo lo que podría suceder en nuestras vidas, imaginamos nuestras vidas atadas hasta el infinito hasta el fin de las luces de lo desconocido y éramos todo lo que necesitábamos uno del otro, el otro para uno, éramos armonía, completa y perfecta.

Hace días que inició esta algarabía multicolor, donde cientos de deportistas persiguen el podio como un niño a un chocolate, donde sonríen unos y lloran otros, donde la competencia se vive a mil por hora y la medalla de oro se convierte en dicha.

Pero tu no estás, no estás y me destroza tu ausencia, o estás quizás pero te has olvidado que existo, que te espero y te esperado hasta ahora, al principio con mi consentimiento y ahora porque simplemente es así, el destino se edifica lentamente y yo voy construyendo una ilusión, lo suficientemente fuerte como para sustituirte, y lograr arrancar tus labios que han vivido impregnadas en mis enzimas, que me absorbido la inocencia y cuya fuerza sobrenatural me recuerda a diario que aún vives en mi.

Tu no estás y a mi me desbarata tu danzar intacto,
giras y giras a mi alrededor,
me acompañas y no está tan mal,
no estaría del todo mal si no fuese que ya no vas a volver,
no vas a volver a abrazarme,
no vamos a volver a enlazarnos,
no voy a volver a envolverme con tu piel,
no vas a volver a ser mío, ni volveré a entregarme sin miedo a tu amor.



 "Y el amor a veces,
vuela lejos, pero VUELVE
y tu y yo tal vez,
sólo diré tal vez,
tengamos un después.

Deja que piense 
que aún puedo reconquistarte,
aunque tal vez no sea HOY. "



jueves, 26 de julio de 2012

Días de Julio

*
Mucho frío, tanto que los huesos crujen, no mueves tu cuerpo aunque te empujen.
Mucho sol, quema y te agrieta los poros de la piel, tan intenso como el color de la miel.
Mucho fútbol, respirar en altura cuesta, más aún si está de por medio un toro de apuesta.

Mucho de gritos, cánticos con garra y pasión, amor a la camiseta, cariño a la selección.
Mucha melancolía, se envuelven recuerdos para llevar y volar.
Mucho licor, te desbaratas, enloqueces, gritas y matas.
Mucho amor a las fiestas de Santiago, orquestas de saco/corbata y sazón, de fondo más de un adolorido corazón.
Mucho de mucho, mucho de Dios.

Mucho de fe, aquella fuerza sobrenatural que te ata a la tierra, sonrisa guerrera.
Mucho de todo, mucho de abandono a la vida, de abandono al dolor.
Mucho de ilusión, los abrazos de antaño están de regreso.
Mucho de lujo, besas los zapatos del mostrador, los pantalones del colgador, las zapatillas deseadas durante verano, durante invierno, besas y estás satisfecho.

Mucho de ti, mucho de mi, mucho de nosotros, los que estamos y los que ya no están, los que crecimos deseando convertirnos en personajes de ficción, los que hicimos que Julio se convierta en tradición, mes dónde la pelota roza el piso y explota con algarabía al llegar a la red, o traspasar la ventana al cielo.


Mucho de lo que el viento se llevó, de mis sonrisas reemplazadas por notas musicales, mucho de lo que quise entonces, de lo que quiero hoy y voceos de lo que voy a querer mañana más tarde.

MUCHO DE MI GENTE,
MUCHO DE MI CULTURA,
MUCHO DE MI PUEBLO, QUE ME ESPERA SENTADO VIENDO LAS NUBES.
MUCHO DE LA INOCENCIA QUE SE ME ESCAPO DE LAS MANOS.
MUCHO DE MIS MIEDOS, MUCHO DE MIS DOMINGOS DE DEPRESIÓN.



Lo había olvidado,
MUCHO DE TU ALIENTO A ALCOHOL,
DE TUS BESOS CON SABOR A CERVEZAS EN LUGAR DE CEREZAS,
MUCHO DE LÁGRIMAS VENTILADAS EN EL BALCÓN.
MUCHO DE RESENTIMIENTO AGLOMERADO EN LA SIN RAZÓN.


sábado, 14 de julio de 2012

Mariposas




Se me agrieta la razón y las imagino
 las imagino como hace un poco más de un milenio
las imagino a fuego lento,
escalan lentamente mi piel y se apoderan de mi sentir dulce violento.



Saben
necesito volver a sentir mariposas en el corazón,
que me hagan sentir viva una vez más
vivir el pasado pero hacia atrás
abrirle las rejas a mil y un te amo, enseñarles a hablar.


Saben
necesito mariposas revoloteando los bolsillos de mi pantalón,
que me devuelvan los días bonitos,
respirar amor por donde esté,
imaginarlo por lo menos, 
beberlo ansiosa en cada tacita de té.


Saben 
necesito que cándidas mariposas hagan conexión,
que jueguen a esconderte bajo el ocaso del sol
dibujar prosas de vida,
y nunca jamás encontrar la salida.


Saben
necesito cánticos de mariposas para lograr mi ascensión,
a lo intangible, a lo inimaginable
que me hagan enloquecer de felicidad
gritar hasta desmayar, hasta la saciedad.


Saben
necesito  caricias y mariposas para encerrarlas en una canción,
que me enamoren a diario,
que sigan pendiente mis pasos como  mercenarios
besar hasta que se me quiebren los labios.


Saben
necesito la fuerza sobrenatural de mariposas para mi rendición,
que me hagan frágil y de papel,
creer en la existencia de magia en el mundo,
la persistencia pura de construir mágicas torres de babel.


Saben
necesito la fe empalagosa de mariposas que fabriquen ilusión,
que disipen los días turbios que saben a olvido,
otorgarle significado al amor,
a la existencia de tal, a la explicación del dolor.


Saben
necesito mariposas cursis y enamoradizas que hagan erupción,
que hagan que mis sentidos empiecen a andar,
o por lo menos a caminar más de prisa,
que dejen de jugar a conformarse con fingidas risas.



Y entonces imagino que todo va a estar bien,
serán ellas las próximas en tocar mi puerta.
Saltaré con el corazón en los pies,
pintaré con brillo labial mis ojos,
 pondré rubor en mis labios,
verteré gel en mis pómulos,
haré las cosas de forma distinta, 
porque siendo como fui, y siendo como soy,
no he podido retener a mis mariposas, las he ido matando una a una, las he lastimado.


Hoy entiendo que el verdadero amor te moldea a su manera,
 necesita ser regada y mimada de forma peculiar, 
si no eres capaz de cambiar por amor,
no eres capaz de amar,
y si no amas, entonces 
¿Por qué ir suplicando migajas de amor por dónde vayas?


Esta tarde de julio, quiero adoptar nuevas mariposas,
las necesito viviendo muy cerca del alma,
ahí dónde se esconde lo inimaginable,
 ahí dónde uno es sumamente delicado,
ahí dónde hace mucho,
desde hace mucho pero mucho,
no he sentido nada, nada de nada.


domingo, 24 de junio de 2012

De polvo y de fútbol



. . . "De un momento a otro dejábamos de ser dos, se sumaba uno más y seguíamos corriendo detrás del balón, eramos tres o cuatro, éramos cinco o seis; la cifra se incrementaba, los años iban pasando, pero la inocencia se mantenía pura, éramos todos entonces riendo a carcajadas, peleando a regañadientes, sudando caliente, respirando fútbol por los cinco sentidos, éramos lo que fuimos y fuimos los que éramos, parte de la misma historia, de la misma generación, esa del 92, alguno del 91 y uno que otro del 90, pero estábamos ahí presos de la misma pasión y gloria, de la misma medicina del alma "   


Solíamos reunirnos por las tardes después de almorzar, salía de casa con una mandarina o naranja en cada bolsillo del pantalón y una gorra para cubrirme del sol, la felicidad brotaba por mis ojos, no existía otro momento en mi vida como aquel, dónde devota de la fascinación más exquisita me vestía con zapatillas y ropa deportiva, sujetaba los pasadores con gran fuerza en los pies, y me aventaba a la sensación más bella que entonces, lo era todo, escapaba por la puerta trasera con total sutileza. 


Quién tenía el balón, era el todopoderoso. 
¿Y si no había pelota alguna? Pues la fabricábamos con papel, bolsas, trapos o cartones. 
La mayoría de veces, entre dos líderes, nos repartían a los demás como si fuésemos objetos, por turnos, después de dividirnos en dos bandos; escogíamos la cantidad de goles "3 - 6" "4 - 8" "5 - 10" significaban cambio de cancha y/o descanso y el fin del partido; colocábamos las piedras, casaquillas, gorras o lo que sea que hiciese una simulación de arco sin travesaño. 


Y así empezaba la fiesta. 
Todos corriendo tras la pelota, de un lado a otro, eufóricos, completamente asquerosos, bañados en polvo y sudor, tropezábamos y nos parábamos de inmediato ensangrentados, seguíamos corriendo, el clímax se traducía en GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOL! y nos desprendíamos de las prendas superiores (como los astros en la pantalla chica), la pelota se movía de inmediato con rabia, la ilusión de transforma en cólera, nos odiábamos a rabiar, éramos enemigos y la misión era una sola, GANAR a costa de lo que fuese, con empujones y faltas o con buen fútbol y fantásticos goles. Anochecía de pronto y estábamos exhaustos, los partidos eran consecutivos y sin darnos cuenta el tiempo jugando se resumía en dos a tres horas, nos elevábamos al cielo en cada jugada, nos olvidábamos del mundo y sus estupideces, puedo afirmarlo ahora, éramos COMPLETAMENTE FELICES. 


Me enamoré del fútbol cuándo era muy pequeña, mi ilusión fue impulsada por la influencia de mis hermanos mayores quienes no hablaban de otra cosa, ellos me enseñaron a ver la vida de una forma esférica, y fue así que aprendí a suplir mi soledad infinita con adrenalina pura, las tardes dónde respiraba tristeza profunda decidí reemplazarlas por fútbol hasta desvanecer, y fui feliz, feliz cuando mis pies tocaban un balón o cuando mis ojos contemplaban un partido de fútbol en la televisión, fui tan feliz que soñaba con vivir de eso, dedicarme a eso y morir por eso; la vida y sus recovecos me refutaron tiempo después con que era imposible hacerlo, por lo menos imposible para mi. 


Mi primer amor trajo consigo experiencias sublimes, momentos deliciosos y disfrutes que tiendo a evocar con una sonrisa en los labios, me regaló una de las mejores etapas de mi vida y felicidad fugaz que se mantiene en la memoria de cada uno de quienes fuimos partícipes de cada uno de los partidos jugados, el sudor aglomerado y porqué no decirlo de las lágrimas derramadas por cada lesión, marcador en contra o pelota desinflada. 


Y es que el fútbol es así de bonito, es capaz de arrancarte de la realidad y llenarte de dicha inmensa si ganas un partido o de la tristeza más profunda si lo pierdes, pero nada absolutamente nada se compara con ser partícipe de uno, sumergirte en el campo e intentar anotar un gol en el arco adversario, y cuan valioso es lograr marcar un gol, es realmente fantástico. 


Hoy, una década después, sigo respirando fútbol por donde vaya, ya no lo practico con la misma constancia de antes pero sigo tras de él, como hace mucho, y quizás ya no vuelva a revolcarme en la tierra, pero siguen alborotándose mis hormonas cada vez que veo un tiro libro, un penal o una atajada magistral, pues sucede que solamente quién ha vivido al fútbol de verdad, desde siempre, puede entender la pasión que despierta ver un balón rozando el piso, al compás de quién lo tiene bajo sus pies, disfrutándolo, amándolo y sintiéndolo. 



Gracias fútbol por regalarme vida, 
en lugar de qué la vida me haya regalado fútbol.